Roy Flitman
Y
Aeris
Luz Juez
2011
Ciento Ochenta Lunas
Hace miles de millones de lunas en un lugar escondido y recóndito de éste, nuestro complejo Universo...
El quiquiriquí del gallo al alba sobresaltó a Roy; apenas había conciliado el sueño en toda la noche. Todavía sentado en la cama, el muchacho sé desperezó y salió del camastro de un salto. Al mirarse en el espejo observó su cara con tremendas ojeras; su pelo rubio despeinado y su aspecto humilde le hizo recordar el día en que se encontraba. Ese era el día de su aniversario, cumplía ciento ochenta lunas.
Una vez se hubo aseado volvió de nuevo al espejo; esta vez se veía diferente, percibió su figura de porte afable y sencilla pero a la vez desafiante; había llegado el día tan ansiado. Cargó al hombro el pequeño macuto, donde llevaba sus enseres personales, un cambio de ropa, un poco de comida y algunos útiles que quizá necesitase en algún momento de su largo viaje.
Confiando en sí mismo decidió abandonar la casa donde había nacido y pasado todo su vida hasta este día tan especial. Se fue alejando con paso firme y decidido; no sabía cuando volvería a ver a su familia, pero de algo si estaba seguro, volvería triunfante del viaje que comenzaba en ese mismo instante.
Roy vivía con sus padres y sus cuatro hermanas Meg, Yum, Elthia y Sophi. Él era el mayor y único hijo varón del matrimonio.
En el país de Roy, Pretonia, se mantenía arraigada una tradición desde muchas generaciones atrás. Los habitantes centenarios del lugar portaban las costumbres a los más jóvenes, para que de este modo, el acervo se conservase intacto a través de millones de lunas. La leyenda ancestral decía: “Las mujeres nacen con una virtud, la fertilidad; en ella se encuentra el milagro de la vida, que a su vez agrupa los valores de los cuatro elementos que la Madre Tierra nos concede a los humanos, solo por el mero hecho de haber nacido. El agua que es vida; el fuego que nos calienta; el aire que respiramos y la tierra que nos alimenta”.
Los muchachos del país nacidos el día 26 de enero con luna nueva, al llegar a la edad de Filos, ciento ochenta lunas, deben salir en busca del valor contenido en los elementos. Sólo en sus manos está encontrarlos en un tiempo límite de cuatro estaciones y una luna más.
En esta ocasión solamente nació un niño, Roy. Él debería ser el guía espiritual de su aldea en un futuro no demasiado lejano. Del desenlace de este viaje, dependía el destino de su pueblo y el bienestar de sus gentes.
Ya llevaba bastantes días caminando; Roy comenzaba a notar el cansancio en sus piernas y además hacía bastante frío. Su estómago rugía sin cesar, clamando a gritos una sopa caliente. Por lo que decidió hacer un alto en el camino para buscar algo de comida y reponer fuerzas. A lo lejos divisó una cabaña que parecía estar abandonada a juzgar por su estado de deterioro exterior. Dirigiéndose hacia ella pensó en quedarse allí algún tiempo.
Al abrir la puerta las bisagras chirriantes delataron su llegada. Roy se sorprendió al observar el interior de la choza; su perfecto estado de limpieza y orden anunciaba al visitante que seguramente estaba habitada, pero curiosamente nadie salió a recibirle. La mesa y sillas eran de madera de fresno, todas talladas con una figura de ave en el centro y dos iniciales entrelazadas sujetas por las filosas garras de la rapaz; parecían la A y la L, ambas mayúsculas. De pronto Roy pensó en su estómago, sintió un hambre feroz al percibir con su olfato un delicioso olor a guiso casero. Sin dudarlo un momento sè encaminó hacia el horno, descubrió que estaba encendido y en su interior había una fuente de barro rebosante de un guiso de carne blanca; el muchacho pensó que se trataba de lechón pequeño, y no pudo resistir el impulso de meter su dedo índice en la salsa. Al llevarlo a la boca...
-Humm... ¡Que bueno¡ Parece jugo de grosella- pensó en voz alta.
De pronto Roy se alarmó, sintió que algo se movía a sus espaldas; volviéndose rápido lo único que descubrió fue la preciosa mesa que había visto ya; pero esta vez encima de ella observó dos cubiertos y dos platos de madera, tallados de igual forma que las sillas. También le llamó la atención un apetitoso pan humeante que alguien había puesto allí sigilosamente, junto a una jarra llena de un líquido rojizo parecido al jugo de tomate, pero de textura algo más espesa. Roy cayó en la cuenta de que allí pasaba algo raro.
-¿Hay alguien? ¿Quién es? ¡Mejor me marcharé!
Al tiempo de decir ésto, sé dirigió a la puerta dispuesto a salir de allí; pero el pomo parecía haberse atascado, la puerta no cedía a la presión ejercida por la mano del muchacho. De nuevo oyó a su espalda un leve crujido del suelo, giró en redondo y volvió a preguntar con voz acongojada:
-¿Porqué no puedo salir? ¿Quién anda ahí? Solo pretendo descansar un poco y comer algo -vociferó el muchacho un poco asustado por si alguien le escuchaba. Seguidamente, la retina de Roy comenzó a percibir como surgía de la penumbra una figura con sigilo; un ser de enorme tamaño o más aún de una gordura exagerada; no parecía un hombre, sino más bien un enorme ave con bastantes semejanzas al ser humano. Su nariz grande y curvada, sus orejas blancas y chiquitinas acabadas en un punto de carnosidad de color rojo intenso; su piel en la cara y manos se cubría con una finísima plumilla; aunque en el resto de su cuerpo las plumas eran enormes, escasas y pesadas. Los ojos pequeños, un poco rasgados, emanaban dulzura; su postura erguida y amistosa en ningún momento asustó a Roy, pero si quedó estupefacto al visualizar a aquella criatura mitad ave mitad humana.
-¿Quién eres? -preguntó Roy no dando crédito a lo que veían sus ojos.
-Me llamo Milhton ¿ Y tú? -le preguntó aquel ser que además hablaba. Hubo un pequeño silencio entre los desconocidos, mientras montones de pensamientos y preguntas se agolpaban en la cabeza del muchacho.
-Me llamo Roy, Roy Flitman -dijo al fin el chico.
-¿Qué te trae a este lugar tan apartado y escondido del mundo? -inquirió aquel extraño ser al viajero.
-Es una larga historia ¿Dónde estoy? -preguntó el muchacho.
-El país se llama Luanka, esta cabaña se halla en el límite del territorio, al este del país -responde Milhton-. Roy ¿Tienes hambre? ¿Serias tan amable de acompañarme a la mesa?
-¡Muchísima!¡Tengo un hambre voraz! -contestó el muchacho agradeciendo el ofrecimiento de aquella mutación humana-. Me complacería mucho compartir el guiso contigo; esa carne huele muy bien.
-¡Estupendo! Vamos a dar buena cuenta del guiso,amigo; sentémonos y comamos el pote de yarta. Mientras hablaremos.
Roy asintió encantado. Las sillas eran enormes y pesadas, pero muy cómodas; los platos parecían enormes hojas de álamo blanco por su forma; los cubiertos de madera, al igual que toda la vajilla, estaban tallados con delicadeza con una figura que se asemejaba a un águila de grandes dimensiones.
Roy comenzó a relatar los motivos de su viaje, mientras llenaba su hambriento estómago de aquel estofado tan exquisito.
-¿Qué tipo de carne es ésta que comemos? -preguntó el muchacho, devorando gran cantidad de la sabrosa comida .
-Es carne de yarta. Son criaturas que habitan en libertad. Viven hacinadas porque se reproducen con mucha rapidez; son unos curiosos animales, tienen las orejas enormes y ven muy poco; las hembras son de color blanco luminoso y los machos son de un tono pardusco, casi negros. Su hogar son las cuevas naturales que hay en la montaña roja del bosque. En el interior de sus paredes hace bastante calor, por lo cuál, las treinta y tres crías que nacen de cada camada, sobreviven todas ellas. Su tiempo de reproducción dura solamente una luna, es por ésto que para ellos es un alivio servir de comida a otras especies, así de este modo, el ciclo de su especie perdura a través de muchas lunas en equilibrio.
-¡Está exquisita! ¡Cocinas fenomenal! Yo pensé que era carne de ave -dijo Roy, chupándose los dedos.
-No, no querido amigo, yo soy un ave y no como a mis semejantes -dijo Milhton con voz firme-. Cuando necesito provisiones voy al bosque en la noche; si capturo mas de una yarta, desalo la carne y la pongo a secar en el sótano. De este modo siempre tengo comida en la despensa y un remanente alimenticio.
-¿De qué se alimentan?
-De bayas, raíces, helechos y frutas silvestres. El bosque es muy frondoso y húmedo; allí hay un termo-clima que ayuda a las plantas a proliferar rápidamente.
-¿Dónde está ese bosque? Me gustaría conocerlo -dijo Roy con curiosidad.
Milhton se levantó de la mesa y dirigiéndose a la ventana señaló un punto en la lejanía.
-Mira muchacho, detrás de aquella montaña que parece una herradura se esconde el bosque. Es un lugar mágico, lleno de criaturas maravillosas y a la vez entrañables; tengo muchos amigos allí.
-Me gustaría quedarme algún tiempo por aquí, quisiera conocer el país; sus campos, su gente, sus costumbres; me gustaría ver como viven sus habitantes -propuso Roy.
-¡Estupendo! -exclamó Milhton-. ¡Te quedarás conmigo! Aquí en mi casa, es pequeña pero nos apañaremos. Yo necesito alguien que arregle el sobrón por afuera y tú necesitas un lugar donde vivir durante el tiempo que te quedes en el país; además ambos ganaremos un amigo, estoy seguro que lo pasaremos bien.
-¿Qué es el sobrón? -preguntó Roy con el entrecejo fruncido.
-No te preocupes amigo, es la cabaña. Por aquí se llama así al lugar donde se vive -dijo Milhton soltando una gran carcajada, viendo la cara de preocupación del muchacho.
-Sólo me quedaré en tú casa, si me aseguras que me contaras la historia de tú vida y por qué eres así -propuso el invitado.
-¿Cómo así? -preguntó Milhton sorprendido.
-Pues así -dijo el chico balbuceando-. Mitad ave, mitad hombre.
-De acuerdo ¡Te lo contaré! Pero ahora ya es tarde vayamos a descansar, mañana temprano seguiremos hablando y planificaremos tú estancia en el país.
Milhton ofreció al muchacho un camastro de madera con colchón de plumas. Roy agradeció poder dormir en una cama y también la amabilidad desinteresada del hombre. Apenas se acostó en el catre, cayó rendido tras pensar la suerte que había tenido al encontrar un amigo en aquel lugar tan apartado de su hogar. El día había sido largo e intenso; estaba muy cansado y fueron muchas las emociones.
Apenas amaneció, Roy despertó; y de un salto salió del camastro y buscó a Milhton. No le encontró y ésto le angustió; observó el fogón que estaba encendido y la mesa preparada para desayunar; había frutas silvestres, bayas del bosque, mermelada de arándanos, también un plato ovalado de madera que contenía algo parecido a revuelto de huevo, pero bastante mas blanquecino. En la mesa estaban dispuestos platos y cubiertos para dos comensales, aunque allí hubiese comida por lo menos para seis personas hambrientas.
De pronto, el roce de la puerta contra el suelo sacó al muchacho de sus pensamientos, centrados en aquellos manjares matutinos.
-¡Milhton! ¡Qué susto me has dado! Pensé que te había sucedido algo al no encontrarte en la cabaña -comentó Roy.
-¡Buenos días Roy! Hay pocas cosas que puedan con un viejo de mil ochocientas lunas -dijo el hombre-ave, que portaba en sus manos una jarra llena de un líquido amarillento, humeante.
-¿Mil ochocientas lunas? -preguntó estupefacto el chico, al escuchar la edad de su amigo-. Es broma ¿Verdad?
-Si y no -contestó Milhton a las dos preguntas-. Normalmente los Avening vivimos una media de veinte mil lunas, somos seres descendientes de la Mitología Antigua. Vamos a desayunar fuerte, tengo planes para hoy.
Roy comió tanto como pudo, todo estaba exquisito, no sabía muy bien que comía, pero le gustaba.
-¿Qué haremos hoy? -preguntó mientras saboreaba el desayuno y observaba el modo tan peculiar que tenía su amigo de comer; utilizaba los cubiertos como si fuesen pinzas porta objetos.
-¿Ves esa puerta? -dijo el ave señalando una puerta de piedra que había en la estancia con el grabado del águila en el centro-. Nos llevará a mi mundo, donde pertenezco, donde está mi casa, mis amigos y también mis enemigos.
-¿Enemigos? -dijo Roy-. Me parece imposible que alguien con tu gran corazón, tenga enemigos.
-No siempre todo es lo que parece querido amigo, a veces las acciones de un sólo individuo, pueden perjudicar al resto, hasta tal punto que los amigos se convierten en enemigos y estos últimos en nuestros perseguidores incansables. La historia de Luanka es muy larga y penosa.
-Cuéntame que sucedió en tu país -dijo el muchacho ansioso, le picaba la curiosidad.
-Todo a su debido tiempo, mi querido jovencito -respondió Milhton, esbozando una sonrisa amistosa.
Una vez hubieron preparado lo necesario para el viaje, el hombre invitó al muchacho a que adosase el dedo pulgar de la mano derecha en el corazón del águila esculpida sobre la piedra. La puerta pesada de diez pulgadas de grosor giró sobre un eje de hierro forjado ante los ojos incrédulos de Roy.
-Pero si no he empujado nada, es imposible que se abra sola...-el muchacho hizo una conjetura-. A menos que intervenga...la magia.
-En Luanka todo es posible. Sólo se necesita tener buen corazón y creer en uno mismo. La fe mueve montañas muchacho, créeme -dijo con voz filosófica Milhton.
-¡Es un pasadizo! ¿Hacia dónde nos lleva? -preguntó Roy algo temeroso-. Es un túnel muy oscuro.
-¡Efectivamente muchacho! Es un túnel que nos llevará al mundo de la oscuridad, como consecuencia de hechos que ocurrieron en él hace muchas lunas.
-¿Y porqué no vamos por el exterior? -preguntó el chico; pensando a la vez, que todo aquello era bastante raro.
-Pesa una maldición sobre mi. Si un sólo rayo de sol alcanzase mi cuerpo al cruzar la frontera de Luanka, quedaría petrificado en el instante; no moriría, mi cerebro seguiría funcionando, sintiendo y viendo como pasan las lunas hasta mi lejana muerte; pero sin poder moverme. Mientras mi cuerpo tenga esta forma no puedo arriesgarme.
Roy se dio cuenta entonces que aquel país al que había llegado después de caminar durante días y días, era muy diferente al suyo e incluso algo mágico, extraño y desconocido para él.
Milhton encendió una vela de color marrón claro y comentó -Este tipo de vela no se apaga con la corriente de aire, está hecha de salvia extraía de la corteza de un árbol llamado luzsem del bosque de la Luz. Allí no existe el día y la noche, no penetra la luz entre las ramas de los árboles, son ellos los árboles que iluminan el bosque constantemente.
Roy callaba mientras escuchaba y observaba a su amigo.
-Ahora voy a llamar a mis amigos Magmas...-sacó un silbato hecho de madera de castaño, con sólo un orificio en el extremo acabado en punta; sopló por él y salió una suave melodía que se perdía en la longitud del túnel.
Esperaron varios minutos...De pronto se oyó como un zumbido; allí delante de ellos aparecieron dos seres parecidos a los topos, pero con diferencias por sus rasgos. Sus orejas estaban acabadas en punta; portaban ocho patas; su altura era considerable, aproximadamente la mitad de un humano; pero lo que mas llamó la atención a Roy, fueron sus enormes ojos saltones que iluminaban perfectamente aquella oscuridad tenebrosa que emanaba del interior de la galería.
-¿Qué pasa troncooooo? -saludaron ambos a Milhton al unísono, poniéndose erguidos sobre dos de sus patas, con la misma entonación que la melodía que salía de aquel silbato tan extraño-. ¡Chócala tíoooo! -dijeron buscando las palmas de la mano de su amigo; primero la derecha, después la izquierda y otra vez de nuevo la derecha.
-¡Hola amigos míos! ¿Qué tal estáis? -saludó Milhton, respondiendo igualmente con las manos-. Hace bastante tiempo que no nos veíamos, pero observo que seguís tan guasones como siempre.
-¡Nos va dabuten! ¿Y tú? Hummm...-expresaron ambos a la vez, centrando sus enormes ojos en el muchacho-. Vemos que vienes acompañadooo.
-Os presento a mi amigo Roy. Roy te presento a Shurto y Thurso -dijo el hombre-ave presentándoles formalmente-. Nacieron al tiempo por eso son tan iguales y hablan a la vez.
Roy no era capaz de distinguirles; su estatura, sus gestos, sus ojos, todo era idéntico, excepto el nombre.
-¿Qué pasa Royyy? -saludaron con el choque de manos habitual en ellos-. ¡Los colegas de Milhton, son colegas nuestrosssss!
Una vez se hubieron saludado iniciaron el camino a través del túnel. Milhton se movía con agilidad a pesar de su volumen, daba la sensación de que no rozaba el suelo.
-¿Qué son? -preguntó el chico con curiosidad.
-¡Ya tardabas en preguntar! Son tropos y ayudan a los demás a atravesar pasadizos y túneles. Como ya habrás observado sus ojos forman un haz de luz. En ellos es algo normal; son seres privilegiados que iluminan la oscuridad siempre que alguien lo necesite -contestó.
Después de llevar varias horas andando o al menos así le pareció a Roy, empezó a ver claridad en la lejanía. Allí estaba la salida hacía el mundo de Milhton. ¿Como sería? ¿Que sorpresas más encontrarían? ¿Aceptarían al muchacho como a uno de los suyos?
-¡Mirad allí esta la salida! ¡Roy ya llegamos! -dijo el hombre sin parar de caminar.
Ya habían llegado al final de la galería, Milhton y el joven, se despidieron de los tropos.
-¡Hasta la vista chicos! ¡Cuidaros! -se despidió Milhton de Shurto y Thurso con el choque de manos que caracterizaba a los tropos-. Nos veremos pronto; gracias amigos ¡Hasta la vista!
-¡Hasta la próxima compaaadre! ¡Nos vemos Royyy! -se despidieron también del chico-. ¡Nos vamossss...! -desaparecieron con la misma fugacidad que cuando llegaron.
Ya a la salida del túnel, Milhton se puso frente a Roy con tez seria y voz mas grave de lo normal; y dijo:
-Roy, aquí todo es diferente. No debes fiarte de nadie aunque te parezca honesto; pero sobretodo tú, pase lo que pase, sigue el impulso de tu corazón; siempre encontrarás la luz que te guíe hacia la verdad.
Detrás de aquellas palabras había un mensaje, pero el muchacho en aquel momento no acababa de comprender el contenido de las frases escuchadas. Más adelante se dio cuenta de esto.
Siguieron caminando hacia la luz tenue y apagada que emanaba del exterior, de aquel lugar inmerso en oscuridad y angustia.
-¿Qué ha pasado aquí? -preguntó el joven visitante observando el lugar. No había sol, las plantas mustias, los árboles apenas lucían hojas-. El panorama es tétrico.
-Debemos ser cuidadosos, nos pueden ver; aquí somos fugitivos, fui expulsado y desterrado hace tiempo. A veces me he arriesgado a venir, pero ahora es diferente, estás tú. Aquí la persona que acompaña a un desterrado también lo es -dijo Milhton con voz preocupada, sabiendo que ponía en peligro la vida de ambos.
-No entiendo nada -se quejó Roy-. En los momentos que hablas con ese tono, tú mirada delata la preocupación que sientes. Confía en mi; los amigos de verdad se demuestran en estas ocasiones; no importa si tu mundo y tu vida ha sido tan oscura como este país. Unidos venceremos camarada.
Las palabras del joven animaron a Milhton. El extranjero era muy maduro para su edad; hablaba con el corazón...¡Quizá fuese el elegido! ¿Se cumpliría la profecía?
-El país se llama Luanka. Aquí fui inmensamente feliz, en un tiempo donde todo era luz, calor y felicidad; después pasó algo…-Milhton dejó su mirada perdida en el espacio, parecía sumirse en la tragedia y el dolor-. Ocurrió algo espantoso, un desastre querido muchacho.
-Cuéntame, quizá pueda ayudarte -propuso Roy a aquel ser extraño que tenía delante de sí, y que ahora era su amigo.
-Nadie puede ayudarme -dijo el hombre-ave. Y prosiguió-. De todos modos, primero tenemos que encontrar refugio; estar a descubierto es muy peligroso.
Milhton sacó de su talega, que siempre llevaba colgada al hombro, un par de túnicas de color oscuro como el paisaje de aquel lugar; La tela recia picaba en la piel, pero ambos se la pusieron. La enorme capucha les protegía y pasaban desapercibidos. El atavío de monje les preservaba de miradas indiscretas.
Según caminaban hacia una especie de Monasterio que se veía a lo lejos, a Roy se le amontonaban las preguntas, su cerebro parecía un cráter donde se agolpaban las palabras, suplicando salir. Pero sólo pudo balbucear…
-¡Esta situación no me gusta nada!
El hombre guardó silencio, comprendía la perplejidad que sentía su amigo; pero sólo manifestó:
-Vayamos más rápido, el tiempo apremia. No me lo perdonaría nunca si te sucede algo por mi imprudencia -expresó acelerando el paso Milhton.
Al llegar al portón de madera, llamó con los nudillos de la mano... clock, clock, clock cluck, cluck ; casi al instante se abrió una pequeña puerta, desde donde lo único que se veía eran dos ojos marrones que preguntaron:
-¡La clave! -pidió aquella voz que salía del interior. Milhton contestó de un modo desconocido para Roy “Hiee, yehye, yick, yick” a este sonido el portón se abrió y cuál fue la sorpresa del joven al visualizar que dentro de aquellas murallas había infinidad de personas o más bien seres extraños; todos vestidos de igual modo, con el hábito rudimentario que el hombre-ave y él llevaban. Al descubrirse la cabeza los visitantes, los saludos fueron efusivos y el recibimiento entrañable. Los habitantes de aquel lugar sin duda eran amigos; Los agasajaron con sus abrazos y bienvenidas. Al muchacho esto le tranquilizó; en el monasterio no todo eran penas. Detrás de aquellos muros habitaba un mundo diferente; al menos algo más feliz que afuera, aunque viviesen fuera de la legalidad.
-¡Milhton! ¡Ha vuelto Milhton! –gritaban todos mientras se amontonaban alrededor de los recién llegados. Querían saber quien acompañaba a su amigo, y que les traía por allí.
-¿Quién es tu amigo? -preguntó el que parecía mandar allí.
-Os presento a Roy Flitman. Es un muchacho de un país muy lejano, lleno de sol y luz, donde los seres son personas o animales y no ambas cosas; viven sin miedos y sin esconderse como antes fue aquí.
Roy miró un instante a su amigo y le susurró unas palabras al oído:
–Me tienes que explicar todo esto -el hombre asintió con una media sonrisa.
Después de haber hecho uso de la hospitalidad de los amigos de Milhton, Khelko, que así se llamaba el regente que organizaba todo aquello, nos invitó a ambos a acompañarle hacia la biblioteca. Una vez dentro cerró la puerta tras de sí.
-¡Jope! ¡Cuántos libros! Es enorme ¿Lo habéis leído todo? -preguntó Roy, recorriendo con sus ojos las estanterías repletas de manuscritos.
-¡Casi todo! -contestó el anfitrión-. De todos modos amigo mío, la sabiduría no está en los libros, sino en la vida. Los seres vivos aprenden de sus aciertos y errores; aunque a veces dependiendo del camino elegido, el alma se ennoblece o sé degrada hasta lo más profundo de su propio ser.
El muchacho miraba intrigado a Khelko; tenía la cabeza bastante grande, un poco arqueada hacia delante, sus orejas colgaban enormes y eran de color ocre pardusco. Lucía un bigote parecido al de la raza felina, sus pies calzados con sandalias eran iguales a las patas de un león macho. Todos estos rasgos juntos aludían claramente a que el regente del Monasterio de Mhomo era mitad humano, mitad león.
Todos los integrantes de la comunidad a la que Khelko pertenecía y al parecer la totalidad de los seres, como decían ellos, de aquel país tenebroso estaban afectados por una especie de mutación, aunque con una particularidad, que entre ellos había desigualdades de diferentes especies de animales -pensaba Roy sumido en un mar de preguntas sin respuesta ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Desde cuándo todo aquello?
Una voz que parecía lejana sacó al joven visitante de aquella abstracción…
-Roy muchacho, te contaremos entre los dos nuestra triste y terrible historia, que contiene una parte trágica y otra, de magia negra y oscura.
Milhton comenzó a relatar…
-“Hace 300 lunas Luanka era un país feliz, reinaba la paz y el sol brillaba con fuerza. El país estaba gobernado por Blemir, un hombre justo y noble; cuando él cayó enfermo decidió ceder el trono a su hijo menor, Bancecop.
Bancecop tenía muchos valores, el pueblo le quería y respetaba; cuando cumplió 300 lunas recibió de su padre enfermo la corona y el libro sagrado de Luanka. En el interior del codice se guardaba el secreto más preciado del reino, el sol. Dentro del corazón del manuscrito, entre sus líneas, en cada ápice de tinta se guardaba un rayo de sol impregnado de sabiduría.
El sol es luz, es calor, hace que las plantas crezcan, también marca la noche y el día, en definitiva, es imprescindible para lograr el milagro de la vida.
Bancecop tenía un hermano envidioso y lleno de maldad, él reclamaba heredar la Corona del cristal granate por ser el primogénito. Pero las leyes de sucesión del país dicen claramente: ”La Corona del país de Luanka, será entregada a la persona que el Rey actual designe. O bien, si éste estuviese incapacitado el pueblo debe elegir por consenso y unanimidad al futuro dirigente”.
Endorich, que así se llama el hermano de nuestro querido rey asesinado, sé sublevó a las leyes y pisoteó el deseo del anciano rey enfermo. Blemir tomó una decisión dolorosa como padre, pero correcta como dirigente; el hijo primogénito fue desterrado a vivir en el pantano de la Oscuridad sin posibilidad de regreso mientras su padre viviese.
Todo en Luanka volvió a la normalidad hasta la noche de luna llena en que Blemir falleció. El enfermo Rey expiro con la certeza de que ese día se abriría una grieta insalvable entre sus dos hijos. La fatal noche de la muerte del anciano, a medianoche se alineó la luna llena con los doce planetas de la constelación de Orión, a la que pertenece Luanka.
Los seguidores del desterrado avisaron a éste de la muerte de su padre inmediatamente. Fue en ese mismo instante cuando comenzó la era de terror que vive actualmente el país” -Milhton suspendió por un momento su relato mientras tomaba un vaso de agua. Después prosiguió-. “Endorich regresó de su destierro ocultándose tras la opacidad de la noche. Traía consigo el odio y rencor acumulado en su alma durante el tiempo vivido entre las bestias del pantano, luchando a muerte por la supervivencia.
El malvado Endorich, aprovechó la complicidad de las sombras para dar muerte a su hermano y a la esposa de éste, Katha. El ladino asesino proclamó a los cuatro vientos que ahora, muerto el Rey de Luanka, el trono le correspondía a él.
Pero el malicioso hermano no sabía que el país tenía un heredero más directo; Bancecop y Katha habían sido padres recientemente. Siendo conocedor el villano asesino de éste hecho, volvió a palacio con la idea clara de eliminar al bebé, pero llegó tarde. El rey agonizante se había arrastrado hasta la habitación del pequeño príncipe; utilizando su último soplo de vida me entregó al pequeño, suplicándome que salvase al sucesor de la corona, llevándole a un lugar donde no pudiera ser encontrado jamás por los guardianes de su desalmado hermano. Cuando Endorich llegó a la alcoba del bebé, observó que su hermano moribundo confiaba la custodia del niño a el Águila Dorada, que habitualmente custodiaba el castillo desde lo alto de la torre. Bancecop murió mirando como el animal salía volando por la ventana, sujetando con sus fuertes garras la canastilla donde el heredero dormía plácidamente. Esta escena causó una carcajada de maldad en el hermano asesino.
-¿Crees hermano que el Águila Dorada lo salvará? ¡Eres un iluso! Solo es un ave de presa; seguro que lo llevará a su nido y servirá de comida para los pequeños rapaces.
De este modo fui cómplice de la desaparición del pequeño principito de Luanka. Ésta es la causa por la que soy un fugitivo y me he visto obligado a huir, a esconderme como si fuese un criminal”.
-¡Que historia tan terrible! ¿Cómo hiciste para llevarte al bebé? -preguntó Roy curioso, mientras Milhton bebía un poco más de agua.
-”¡Atenacé! entre mis fuertes patas el asidero de la canastilla real, donde dormía el pequeño bebé ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor. Volé como una exhalación durante varias horas sin descanso en dirección noreste, cruzando el desfiladero de la Muerte, hasta llegar a lugar seguro. Ya sobrevolado el límite de Luanka con el territorio de Silvana, decidí descansar para recobrar el aliento. Comencé a sentirme mareado, por un momento debí perder la consciencia; al despertar observé que el bebé seguía dormido, pero yo no tenía la apariencia de siempre; no podía volar, mi cuerpo quedó tal cuál le ves ahora, aunque con algunos kilos de menos.
Paralelo a esto, en Luanka acontecían hechos insólitos. Endorich, se había auto-proclamado rey del país en contra de la totalidad del pueblo, exceptuando a sus fieles seguidores. A la plebe la calló mediante la utilización de la fuerza, con amenazas de muerte y destierro. Lo más sorprendente de todo fue la coronación del hermano traidor; en el mismo instante de acomodar la corona del cristal Granate en su cabeza, ésta deslumbró a todos los presentes con el rayo que salió de la piedra preciosa; el halo de luz penetraba por la retina irritando el nervio óptico. Los presentes cerraron sus ojos ante el resplandor cegador de la piedra Granate; un sonido ensordecedor rugió en el exterior rompiendo los cristales de los enormes ventanales de palacio; fue en éste mismo instante cuando el rayo se retractó y salió del castillo llevándose con él la inmensidad de la luz solar.
Al darse cuenta Endorich que la corona no lo reconocía como digno para gobernar el país, lleno de cólera, lanzó sobre todos los habitantes del lugar un maleficio ayudado por las fuerzas oscuras: “Todo el país se sumirá en oscuridad, el sol no volverá a calentar nunca más. Al igual que en el pantano donde yo he vivido todos estos años, entre alimañas y animales carroñeros; todos vosotros os convertiréis en animales humanos antes de que acabe la noche. Todo seguirá así hasta que la maldita corona me reconozca como legítimo heredero de Luanka”.
Todos los habitantes del país llegamos a la aurora boreal como nos ves medio hombre, medio animal; sumidos en oscuridad y desgracia bajo la tiranía del malvado Endorich
A partir de esa noche el cristal de la corona se apagó dejando al país viviendo entre tinieblas y tristeza; viendo como trascurren sus días sin poder contemplar la alegría que la luz del sol añade a nuestra vida.
-¡Qué historia más fascinante! -dijo Roy mientras llegaba a la conclusión de que todo lo sucedido era producto de un ser vil y despreciable.
Después de la comprensible exclamación del muchacho extranjero, Milhton prosiguió con la historia.
-La corona de Luanka entrega a su propietario el legado del libro Sagrado, lugar donde se recogen las leyes del país. El cristal Granate que luce la corona posee la facultad de leer los sentimientos de honestidad y justicia del mandatario destinado a gobernar. Por ésta razón la corona no reconoció en Endorich a una persona digna para ocupar el trono del reino.
Roy según escuchaba a Milhton relatar los hechos acaecidos en el país, no acababa de entender que tenía que ver él en aquella historia.
-Es una historia insólita pero...¿Qué pinto yo en medio de ella? Estoy seguro que hay una razón muy poderosa pero no acabo de captarla -argumentó el chico con desconcierto.
-Todo a su debido tiempo, muchacho -intervino Khelko, que había guardado silencio todo el rato-. Milhton, sigue por favor.
-El sibilino del reino, que es poseedor de la magia blanca, tiene el poder de las estrellas en sus manos; En su último viaje astral vaticinó todos estos sucesos mucho antes de ocurrir: “Se acerca una Era de eclipse y desgracias para nuestro país. En el instante en que la luna llena se alinee con los doce planetas de nuestra constelación; acudirá la oscuridad, la catástrofe y el horror a nuestro pueblo. Un hombre negro aparecerá con un ejército de criaturas tenebrosas, llenas de maldad, muerte y destrucción”.
-La alineación de los planetas se produce cada 96.000 lunas; cuando ésto ocurre el sol se esconde durante varios días, para después de su ausencia brillar en lo alto del cielo con energía renovada. También predijo: “Después de muchas lunas un día 26 de enero, con luna nueva, nacerá un salvador para nuestro país que llegará de tierras lejanas en busca de su alma”.
-¿Qué? -preguntó con asombro Roy-. ¡Yo nací un 26 de enero! ¡Y había luna nueva!
-¡Lo sabía! ¡Tú eres el elegido! -expuso Khelko sonriendo.
-¿Cómo? ¿El elegido? ¿De qué? -preguntó el muchacho escrutando a Milhton con la mirada.
-Espera -aludió Milhton-. Sigue escuchando y sé paciente; a veces la juventud es intrépida, queréis soluciones rápidas. Precipitarse no es bueno.
Milhton prosiguió:
-En su avaricia Endorich se olvidó de un detalle; cabía la posibilidad de que el bebé hubiese sobrevivido. Esta circunstancia dotaba a Luanka de un legítimo heredero al trono, por lo tanto le correspondía la corona durante toda su vida.
-¿Y el bebé? -preguntó Roy -. ¿Qué fue del bebé? ¿Fue salvado por el águila Dorada?
-Sí -prosiguió Milhton, contestando al muchacho-. Salvó al bebé y hoy día vive feliz sin saber quien es en realidad; fue acogido en el seno de una familia humilde. Los Kinston fueron los escogidos por la providencia para criar al bebé. Éstos supieron desde el primer momento que el pequeño venido del cielo era el príncipe del país vecino. Juraron defender al bebé con su vida, si fuese preciso. Le educaron en sus costumbres; con libertad y lleno de amor. Para los granjeros fue un regalo venido del cielo, puesto que ellos no podían concebir un hijo propio. El niño creció en Silvana sin saber que es el heredero de la corona de Luanka, el país vecino.
-¿Silvana? ¿Dónde está? -volvió a interrumpir Roy.
-Se encuentra en el Cerro de Lunatta, colindando con el límite este del país. Es un lugar prácticamente inaccesible.
-¡Ahora entiendo todo! Tú eres el águila Dorada ¿Verdad Milhton? - preguntó ansioso Roy, ávido de respuesta.
-¡Sí, soy el águila Dorada o lo que queda de ella. Llevo tantas lunas sin volar que casi se me ha olvidado.
-Mi abuela Jana decía: “Lo que pronto se aprende, tarde se olvida” -ánimo Roy a su amigo.
Milhton siguió contando:
-Después de salvar al príncipe y dejarle con aquella buena gente, yo me refugié en el bosque cerca de la granja, pero lejos de Endorich. Él ofreció una fuerte recompensa para todo aquel que entregase el águila Dorada al malvado mandatario. Además, el afortunado sería invitado a vivir en el castillo; lleno de riquezas, bienestar y abundancia para sí y sus descendientes.
Posteriormente, me mudé a la cabañuela que tú ya conoces. De vez en cuando observo furtivamente a Phac, nombre puesto por los padres adoptivos al bebé, desde donde el muchacho no pueda verme pero yo sí a él . Tiene la cara de Bancecop, su padre, y la dulzura de su madre Katha.
Hoy es un joven apuesto, noble y humilde, sin saber que por sus venas corre sangre real, sangre de príncipe.
-La predicción de Alcino, el hechicero, se ha cumplido en su totalidad hasta el día de hoy. Tú, mi querido muchacho, eres el extranjero que Luanka estaba esperando con tanto anhelo -explico Khelko al muchacho.
-Si como decís, yo soy esa persona que esperabais desde hace tiempo, ayudaré a recobrar la paz y la normalidad en el país -se ofreció Roy humildemente. Y prosiguió -. La única condición que pongo es el tiempo; debo de volver a mi casa al término de cuatro estaciones y una luna más. Antes de que acabe la siguiente luna nueva de mi próximo cumpleaños.
-Debes pensarlo bien, será peligroso para todos. Nosotros estamos dispuestos a correr el riesgo necesario para liberar al pueblo de la malignidad de Endorich, alias “El Centauro Asesino”. Pero tú no estas obligado a participar, no eres de Luanka.
-Nosotros te necesitamos para que se cumpla la profecía, pero lo entenderemos si no quieres participar -manifestó Milhton cauteloso.
-Sí os ayudaré, me habéis convencido -anunció Roy asintiendo con la cabeza.
-¿Estas seguro muchacho? -preguntó Milhton incrédulo.
-Si, estoy seguro. Lucharemos juntos contra las injusticias y recuperaremos el rayo de sol tan necesario para que la vida siga en equilibrio en el país -expreso el muchacho, con manifiesta seguridad en sí mismo.
Khelko dio por zanjada la conversación, enviando al visitante a sus aposentos para que descansase; mientras, los dos hombres organizaban aquella encrucijada a la que se enfrentaban. Ambos amigos, después de ultimar la planificación del próximo viaje, pasaron gran parte de la noche rememorando los tiempos pasados y las aventuras vividas juntos en un pasado feliz; aunque bastante distante.